Angustias Maldiciones
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Video hecho por Karen Rosentreter, inspirado en la música experimental de Marcel Bruna.
Entre Arboles y Niebla
Esa mañana desperté inquieta, me levante de la cama apresurada, ansiosa, mis manos parecían moverse como si tuvieran vida propia. Entre mis viajes por toda la pieza, por aquí, por allá, me detuve un instante a mirar por la ventana, el cielo estaba gris y no había ni un rastro de color en la ciudad, unas extrañas nubes blancas se aparecían de vez en cuando, no se si fue intuición o algo querías decirme. Me vestí tan rápido como pude, hasta olvide que este era un día más sin diligencias, sin compromisos, un día más de sentarme a maldecir y odiar mi falta de iniciativa, y mis días infinitos sin suerte, mis días infinitos sin ti. Extrañamente esta vez mi habitación estaba sin llave, así que salí del edificio y tomé el primer bus con dirección a no se donde. La gente subía y bajaba malagestada, indiferente, sin derecho a tregua por un asiento, y el conductor, reflejaba en su rostro una amargura eterna, como si hubiese nacido para vivir el martirio de su trabajo todo los días. En fin, todo me parecía patético y desalentador, sin embargo me senté y comencé a disfrutar del paisaje, las personas impacientes en los paraderos, los niños con las narices frías, y a vista y paciencia de los que se apresuran por llegar a algún lugar a protegerse del frió, los perros… acicalados en las esquinas, muchos de ellos jugando verdaderos roles segundarios en cada escena de la ciudad, y las parejas… ahí están, con sus infinitos intentos por separarse y despedirse de una vez, eso me conmovía, me hacia pensar en lo distante que estabas, pensar en como eras, tus gestos, tus rizas, tus ojos bañados de melancolía y niñez, y por sobretodo, me hacia pensar en tu sorpresiva e injusta manera de alejarte para siempre. La angustia me tomo por sorpresa, por un instante me sentí ajena a todo, me levante abruptamente del asiento, insistí en bajarme, algo entre dientes murmuro el conductor y por fin accedió a abrir la puerta. Que frió que hacia y un viento tenebroso corría por mis pies, no sabia donde estaba, y comencé a caminar, las calles estaban vacías y oscuras, por un momento sentí pavor, mi cuerpo temblaba, y era como si todos los ruidos de la ciudad confabulaban en contra mía para derrotarme. Ya no bastó con caminar apresurada y sin darme cuenta estaba corriendo, me preguntaba cuando aparecerían los árboles, donde estaban esos árboles, los árboles del parque cerca de mi casa, esos que me protegían cuando era niña, fueron muchas las veces que se transformaron en mis inmensas murallas de acero donde los gritos y los platos rotos no llegaban hasta mi, donde estaban para cuidarme esta vez. El cuerpo no pudo más, deje de correr, caí al suelo, estaba sucio, repulsivo, lleno de grietas, quería levantarme, no quería estar lejos de casa, cuando del cielo fueron millones las hojas que comenzaron a caer, hojas cayendo en medio de la ciudad, creí que solo yo podía verlas y peor aun sentirlas, me rozaban la piel, se clavaban en mi, llegaban a mi conciencia, ahí estaba, cubierta por un millón de hojas fugaces cayendo de lo más alto de la crueldad de mis propios recuerdos fantasmas, de lo mas alto de mis propios tiempos, de mis propios días, estaba sola por fin pero con esas gélidas y transparentes hojas rozándome. Aun permanecía en el suelo, comenzaba a convulsionar, mi pecho parecía vació y se secaba lentamente, esas malditas hojas se habían llevado mi aire, mi aliento, tu recuerdo, mi llanto seco…mis ganas de buscarte en alguien más… ¿de donde provienen estas infinitas hojas si aquí no hay árboles? pregunté. Unos hombres me tomaron sin contestar, había una avasalladora luz roja parpadeante por todo el lugar, no me dejaba abrir los ojos y era como una gran dama vestida de rojo que venía a envolverme con su vestido. Y aquí estoy, en esta sala blanca y con extrañas ataduras y agujas clavadas a mi cuerpo, solo puedo divisar a mi madre pasearse por el lugar a lo lejos, desesperada, enfurecida, rezando, llorando… y a mi nada me conmueve, porque se que habrá un próximo encuentro, porque se que podré alcanzarte, y buscarte otra vez en un millón de hojas fugaces, porque esta vez, la dama vestida de rojo no me llevara, porque este sentimiento persiste, porque me ocultaré un tiempo más entre los árboles y la niebla , y cuando llegue el momento, acudiré hasta ti, y por fin estas infinitas hojas dejaran de caer.
2006 - 2007
Estas obras pictóricas forman parte de una secuencia de cuadros basados en enfermedades llevadas al microscopio.
Partí de la observación de un sin numero de microorganismos que afectan de manera mortal a la salud del ser humano, sin enbargo la multiplicidad de colores y formas que encontré, me parecieron facisnantes, quizá algo aberrador si tomamos en cuenta, el daño irremediable que producen.
Con el tiempo de investigación y una vez que me adentre mucho más en las enfermedades, quice interpretar de manera ficticia como es que estos seres conviven en nuestro cuerpo y con nuestros organos.
Así fue como me embarqué en un viaje al interior del cuerpo, un viaje imaginario...
Partí de la observación de un sin numero de microorganismos que afectan de manera mortal a la salud del ser humano, sin enbargo la multiplicidad de colores y formas que encontré, me parecieron facisnantes, quizá algo aberrador si tomamos en cuenta, el daño irremediable que producen.
Con el tiempo de investigación y una vez que me adentre mucho más en las enfermedades, quice interpretar de manera ficticia como es que estos seres conviven en nuestro cuerpo y con nuestros organos.
Así fue como me embarqué en un viaje al interior del cuerpo, un viaje imaginario...











